Exclusivo para padres
Si piensan que sus hijos consumen sustancias tóxicas (pastillas, alcohol, porro u otras) no se desmayen. Paren, tomen aliento. Hablen con alguien. Nada peor que actuar como resultado de la desesperación.
Tienen que saber que resolver el trabajo que supone la dependencia del consumo de alguna sustancia lleva tiempo, y hay que prepararse para ese largo viaje.La adicción es un proceso que genera enfermedad, no es algo de la edad que se les pasa a los chicos o jóvenes cuando crecen. Este proceso tiene etapas que no se diferencian con claridad unas de otras, y por eso, cuando menos lo piensan terminan dependiendo del consumo que iniciaron casi por diversión. Si no se actúa a tiempo, se desarrollará un proceso que no se interrumpirá espontáneamente, por el contrario, de manera paulatina deteriorará todos los órdenes de la vida.
El consumo es algo que algun@s chic@s empiezan con la intención sentirse originales o grandes, pero en general lo hacen llevad@s por una moda que ha naturalizado el uso de sustancias psicoactivas, mostrándolo como si fuera algo normal. No lo es. Muchos chic@s no consumen ni consumieron, y se sienten bien.
Si solamente enjuiciamos a nuestros hij@s por esta conducta no haremos nada útil ni podremos ayudarles a formar una guía interior que les sirva para diferenciar por sí mismos lo que les hace bien y lo que no. Quienes son consumidores asiduos tienen serias dificultades para ponerse límites, para analizar las situaciones, los riesgos, las consecuencias y decir no.
Actualmente el consumo no es el resultado de problemas familiares, aunque estos suelen estar (y hay que hacer todos los esfuerzos por resolverlos) sino que responde en gran medida a reglas de la sociedad de consumo en la que estamos inmersos. Los chicos son especialmente vulnerables a esto y es entre ellos donde los que diseñan las estrategias de marketing, se encargan de poner de moda el consumo de lo que van a venderles. En conjunto, terminan vendiendo una actitud de consumo permanente, y de cualquier cosa.
Ell@s también intentarán encontrar miles de ejemplos de cómo el consumo no hace nada, de cómo lo pueden controlar. Interesante será ver cómo plata que ustedes les dan, o aún plata que se consiguen trabajando, se la gastan cada vez en mayor proporción en comprar sustancias para consumo. Serán pescados por una red comercial que está tejida por personas muy próximas. El vendedor no es un villero ni un narcotraficante de algún grupo mafioso. Uno se sorprende cuando lamentablemente descubre lo comunes que pueden llegar a ser quienes venden todo esto: tal vez un pariente, un vecino o un quiosquero (siempre lo es en el caso del alcohol).
Ell@s no deberán usar como excusa de su situación, la problemática familiar o amorosa. La vida es algo demasiado hermoso e inconmensurable como para hacer semejante simplificación. Con el tiempo, ustedes estarán cada vez más tristes, viendo cómo ell@s se deterioran y cómo se deteriora la convivencia. L@s chic@s, al cabo de un período más o menos largo, cuando caigan rendidos ante la evidencia de que efectivamente no era bueno lo que estaban haciendo, terminarán pidiéndoles POR FAVOR que los ayuden. Tal vez sea tarde. Tal vez por orgullo no se animen a pedirles ayuda de manera directa. Sería reconocer tarde cómo se equivocaron al meterse en esto del consumo por seguir a la junta.
Ser padres es bien difícil, y hermoso a la vez. Lo primero, hablar con la pareja (si se tiene una), o con un pariente o familiar adulto es confianza. Tenemos que armar nuestra propia red de apoyo.
También se puede consultar por teléfono al nº 132, que es gratis llamando desde la ciudad , o al 0351-4896363 (ambos de la Línea Red Vida)Les deseamos muy buena suerte.
Considere las siguientes preguntas:
¿Lo nota hostil y falto de cooperación?
¿Ha dejado a sus antiguos amigos?
¿Ha perdido interés por los pasatiempos, los deportes u otras actividades favoritas?
¿Usa desodorantes o perfumes para tapar algún olor?
¿Tiene los ojos colorados, o vidriosos?
¿Tose o carraspea con frecuencia?
¿Su nariz gotea o sangra a menudo?
¿Tiene dificultad para hablar?
¿Tiene marcas de pinchazos en brazos y/o piernas?
¿Tiene manchas de cigarrillos en sus dedos?
¿Está más pálido que lo habitual?
¿Se dejó el pelo descuidado?

