La conversación: un viejo hábito que se va perdiendo

hector guyot

 

 

 

Hector Guyot  

Por comodidad, falta de tiempo o miedo al otro, muchos prefieren enviar un mensaje de texto antes que hablar; el eclipse del diálogo cara a cara compromete la capacidad de sentir empatía y leer las emociones ajenas.

Ya nadie habla. Todos prefieren tipear o mover los pulgares. Mensaje va, mensaje viene. Estás en pleno trabajo, escribiendo en la computadora, y de pronto se abre en la pantalla la ventanita del chat interno: «Hola». Dejas lo tuyo y respondes con otro «Hola». Tu concentración pasa del trabajo al mensaje que se demora pero que está en camino, porque el communicator te informa que del otro lado están… escribiendo. Llegan al fin tres líneas y respondes con un monosílabo, con un OK, lo que sea para no perder el hilo del trabajo, pero te devuelven una pregunta que exige desarrollo y empezás a tipear, hasta que te paralizas: tu respuesta provocará otra consulta, y así hasta… «Llamame al interno 1213 y lo hablamos», saldás, esperando que el otro no se ofenda.

Pasa lo mismo con WhatsApp. Al cuarto ping-pong, pido tregua: «¿Puedo llamarte?». A veces sobreviene una pausa en la que adivino cierto horror, un vacío que no puede interpretarse sino de una sola forma. No, no quiere que lo llame.

Es raro. Con un «hola» impune estás habilitado a disparar mensajes de WhatsApp a quien no conocés tal como si fuera un amigo de la infancia. Pero cuando se trata de hablar, la cosa cambia. ¿Será que el «¿puedo llamarte?» supone el atrevimiento de pedir un grado de atención excesivo o exclusivo? ¿O sucede que el hecho de hablar podría llevar a una intimidad que se prefiere evitar? Como sea, si esquivamos hablar, ¿qué decir de la conversación, viejo arte cuyas condiciones de posibilidad parecen en vías de extinción?

Eso es al menos lo que advierte Sherry Turkle, psicóloga y socióloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que desde hace treinta años estudia de qué modo las nuevas tecnologías cambian la forma en que nos comunicamos. En sus entrevistas, una frase se repetía: «Prefiero mandar un mensaje antes que hablar». Turkle decidió estudiar el asunto desde una perspectiva etnográfica. «Si realmente la gente prefería mandar un mensaje en lugar de hablar, ¿qué implicancias tenía esto en las distintas esferas de sus vidas? ¿Para sus trabajos, familias, relaciones amorosas, para la educación de sus hijos? -planteó la experta en una entrevista con Ima Sanchís publicada en el diario español La Vanguardia-. ¿Cuál era el impacto real de esa frase en sus vidas?».

La erosión tecnológica

Las respuestas están en su último libro, En defensa de la conversación. El poder del habla en la era digital, donde demuestra que, sí, los más variados tipos de conversación -entre amigos, en la pareja, en la familia y hasta la que uno mantiene consigo mismo en soledad- han sido erosionados por la tecnología.

Estamos perdiendo el hábito de conversar cara a cara, dice Turkle. Textear -el diálogo editado, a distancia y por turnos- es menos riesgoso, más limpio y menos demandante. Pero no es gratis. El eclipse sutil de las conversaciones cara a cara pone en jaque mucho de lo que nos hace humanos, empezando por la capacidad de sentir empatía y de leer las emociones de los otros.

La conversación atenta de los padres con sus hijos, por ejemplo, les permite a los chicos verbalizar sus sentimientos y desarrollar la confianza y la autoestima, además de la empatía. A partir de sus entrevistas, Turkle detectó un círculo vicioso: «Los padres les dan celulares a sus hijos. Los chicos no logran que sus padres dejen sus teléfonos, así que se refugian en los suyos. Después, los padres usan esa concentración de los chicos en sus celulares como un permiso para estar con sus dispositivos todo lo que quieren».

Turkle dice que el simple hecho de poner un celular sobre la mesa mientras hablamos afecta el contenido de la conversación. «No hablaremos de cosas importantes, de sentimientos profundos, de nuestra intimidad, sino que conversaremos de trivialidades, de asuntos superficiales de los que podamos desconectarnos con facilidad -afirma-. Ahí radica el problema: no es el mensaje de texto, no es el móvil o la tablet. Es cómo nos afecta interiormente, cómo nos modifica y cómo cambia nuestras relaciones sociales».

Cambios de fondo

Cada vez pasamos más tiempo online. Allí nos habituamos a dinámicas y comportamientos que después traemos a la vida offline e impactan a largo plazo en nuestra existencia diaria, donde trabajos como los de Turkle registran cambios que van más allá de cuestiones de forma. La tecnología está haciendo algo más que reconfigurar la forma en la que conversamos. Y esto porque está transformando muchos de los presupuestos que hacen posible una verdadera conversación.

Conversar es sintonizar con la frecuencia del otro. Hoy, frente a los ruidos de la vida online, resulta difícil incluso encontrar la propia, condición para abrirse a los demás. Tal como la música, la conversación necesita del silencio. De allí nace, y el silencio es también la pausa o el epílogo que abre la posibilidad de que aflore lo inefable, lo que está más allá de las palabras. La avalancha de datos a la que estamos sometidos no solo enturbia el silencio sino que además reclama una atención que nos sustrae el tiempo. Tiempo al que, en la sociedad del rendimiento, hay que sacarle un rédito cuantificable. Acaso hoy la conversación no cotiza porque no persigue nada, salvo ir descubriendo al otro en el presente mismo del diálogo. Así, de paso, se descubre uno, tal como el improvisador que, de pronto, en respuesta a una frase de otro músico, da con una nota que encierra lo nuevo, lo inédito, aquello que estaba esperando las condiciones para manifestarse. La conversación es abandonarse a lo inesperado.

«Creo que es Borges quien dice, citando a Stevenson, que el mejor poema no puede compararse a una bella conversación -dice Ivonne Bordelois, lingüista y poeta-. Hay algo en el acorde de clima y de ritmos de una hermosa conversación que nos calma, nos fusiona y nos transfigura. En la palabra ?conversar’ está la idea de ?verter conjuntamente’, como lo hacían los esposos al derramar simbólicamente líquidos en el rito matrimonial primitivo. Los holandeses llamaban converseren al delito de adulterio, lo cual comprueba el erotismo básico de la comunicación verbal».

– ¿Se conversa menos que antes?

-Mucho de nuestra cultura contemporánea se funda en el atropello de la palabra por la imagen, que en cierto modo acorrala y acota las capacidades expresivas más complejas de la palabra. Vehículo capital en la civilización del consumo y de la velocidad, la imagen va deteriorando los poderes reflexivos de la palabra. Es el ojo antes que el oído quien decide nuestras elecciones y nuestros intercambios.

– ¿Y el lenguaje? ¿Se ha empobrecido? ¿Influye esto en la calidad de las conversaciones?

-La televisión es una máquina trituradora de lenguaje. Antes nos moríamos de risa; ahora nos cagamos de risa. Antes nos rompíamos el alma; ahora nos rompemos el culo. Estas metáforas se vuelven inaudibles o inocentes a fuerza de repetidas. Una pequeña ventana se abre cuando escuchamos hablar a los venezolanos recién venidos a nuestras costas. En la gracia y la cortesía con que suelen expresarse advertimos cómo los porteños nos complacemos en degradar este maravilloso don de hablarnos que nos ha sido dado.

El deterioro de la palabra y el diálogo se percibe también en la esfera pública. Se trata de un fenómeno global que en la Argentina tiene rasgos propios. Basta recordar el trámite de la sesión en la que, la semana pasada, la Cámara de Diputados le dio media sanción a la ley de presupuesto. Fuera del Congreso, grupos de manifestantes apedreaban a la policía; dentro, los legisladores casi se van a las manos. «Para que la conversación pública tenga vigor, quienes participan de ella deben estar guiados por la curiosidad (es decir, por el interés en aquello que no se conoce) y por su compañero de ruta, el escepticismo, es decir, la capacidad de desconfiar de los propios esquemas mentales -dice el ensayista y editor Alejandro Katz-. Hoy la escena pública está estructurada sobre la certeza de que la propia visión del mundo es a la vez correcta y completa, y ese no es un buen punto de partida para la conversación».

Katz afirma que ni el gobierno anterior ni el actual han intentado construir un espacio de conversación pública. El régimen discursivo del kirchnerismo fue el de la palabra religiosa emitida por el líder, que habla desde el púlpito o sus sucedáneos en la política de masas: el balcón o la cadena nacional. «No es una palabra sujeta a controversia porque es portadora de una verdad de fe, y no es democrática porque no es emitida por cualquiera sino solo por quien conoce esa verdad. Una palabra premoderna, anterior a lo político», afirma Katz. Tampoco es político, dice, el régimen que domina la producción del discurso del gobierno actual: «No interpela a los ciudadanos como tales, sino a los consumidores, y en relación con ellos ejecuta alternativamente dos estrategias: o se subordina a la demanda preexistente o hace una propuesta de venta de productos».

Para Katz, la calidad de la democracia depende del modo en que circula la palabra pública. «En la historia del país prevalecen los períodos en los que quien controla el poder ha ignorado o acallado a aquellos con los que debería haber entrado en conversación. Esto se ve exacerbado hoy, en un contexto mundial de creciente polarización ideológica, de más énfasis que argumentos, una época que parece legitimar a quienes actúan en la ignorancia del otro. Para recuperar el diálogo, hay que aprender que en los otros siempre hay algo de verdad».

Menos empatía

Hay un problema de escucha. Tanto en la conversación pública como en la privada. Y sin escucha no hay conversación posible. Encerrados en nuestros propios mundos, o en nuestras propias tribus virtuales, tenemos un problema con el otro. Acaso se trate básicamente de una crisis de la empatía, como señala Turkle. Hay estudios serios que dicen que la comunicación a través de las redes sociales ha reducido los niveles de empatía de los universitarios estadounidenses en un 45% en los últimos veinte años. No se trata de demonizar las redes. Hoy Skype permite hablar con el amigo o el familiar que vive al otro lado del mundo como si estuviera a la vuelta de la esquina. La cuestión es que el afán de comunicarnos a la distancia a través de las pantallas con nuestros muchos contactos virtuales no nos haga olvidar a quienes tenemos al lado de cuerpo entero.

«La tecnología nos hace olvidar lo que sabemos de la vida -le dijo Turkle a Sanchís-. Sabemos que es esencial que los padres hablen y jueguen con sus hijos; sabemos que los alumnos deben escuchar al profesor en lugar de enviar mensajes en la clase; sabemos que los amigos deben hablar entre sí para serlo; sabemos que las relaciones amorosas nacen de la intimidad compartida, de la conexión personal; sabemos que el debate público en la universidad, en las aulas, en la política, es la mejor manera de construir nuestra identidad. Aceptemos entonces el resultado de nuestras encuestas: la conversación es la única manera de ser humanos. ¿Por qué no conversamos más?».

Habrá que ver qué suerte corre el llamado de la experta. En la elogiosa reseña de su libro que Jonathan Franzen hizo en The New York Times, el novelista recuerda que Steve Jobs, el creador de Apple, prohibía lastablets y los smartphones en la mesa familiar. ¿Qué posibilidad existe de que actúe con la misma precaución gente menos esclarecida, es decir, la inmensa mayoría, en un mundo cada vez más desigual donde el capitalismo y el consumo bailan al ritmo de las innovaciones globales de la tecnología digital? Habrá que conformarse con seguir instalando el problema como tema de conversación. Al menos mientras haya dos que conversen de verdad

Fuente: lanación.com.ar

¿Por qué seguimos recibiendo noticias sobre los beneficios de las bebidas alcohólicas?

vaso de cerveza

“Dos copas de vino antes de dormir adelgazan”, “El consumo de cerveza podría ser beneficioso durante un infarto”, “Estudios científicos avalan los beneficios de la cerveza en el marco de la dieta mediterránea”, “¿Sabías que un vaso de vino tinto equivale a una hora de ejercicio?”… Son sólo algunos titulares de los muchos que aparecen en los grandes medios de comunicación, alabando los supuestos beneficios para la salud de estas bebidas espirituosas. Sin embargo, hace poco, también nos han llegado noticias de grandes estudios epidemiológicos que alertan de que el alcohol es un factor de riesgo para el desarrollo de múltiples tipos de cáncer, que  causó casi 3 millones de muertes en todo el mundo en 2016 y que el único consumo seguro de alcohol es cero.

¿A qué se debe la presencia de noticias con afirmaciones tan dispares sobre las bebidas alcohólicas? La explicación de este fenómeno no es precisamente sencilla, aunque hay cuatro razones principales detrás de tal distorsión informativa.

  1. En el imaginario colectivo occidental persiste la creencia de que una copita de vino o cerveza al día es beneficioso.No es ninguna sorpresa que muchos piensen así. Hay que tener en cuenta que hemos sido ametrallados con afirmaciones constantes sobre los supuestos beneficios del consumo moderado de alcohol desde comienzos del siglo XX. Por otra parte, estas afirmaciones solían estar casi siempre más asentadas en la tradición y en unos estudios débiles que en una ciencia rigurosa. Es, hasta cierto punto, lógico que muchas personas (incluidas médicos o periodistas) hayan aceptado este discurso como cierto. Decía Joseph Goebbels, ministro encargado de la propaganda Nazi que “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Si, además, existe un respaldo supuestamente científico ni siquiera hace falta repetir tantas veces la mentira.
  2. La mayoría de los estudios realizados sobre bebidas alcohólicas en humanos son estudios observacionales en grandes poblaciones, los cuales poseen muchísimas limitaciones.Estos estudios son geniales para establecer correlaciones entre variables, pero pésimos para establecer causas y efectos. El gran problema es que multitud de estudios sobre el papel de las bebidas alcohólicas en la salud se han interpretado con demasiada alegría periodística o científica, achacando erróneamente a una determinada bebida un papel protector.

Pongamos un ejemplo muy simple: Imaginemos que hacemos un estudio epidemiológico sin tener cuidado en eliminar factores que añaden confusión como la frecuencia de ejercicio físico o el estatus socioeconómico. Al observar el grupo de personas que bebe alcohol con moderación podríamos encontrar que éste vive más que el grupo de personas que no bebe absolutamente nada. El titular rápido sería que beber con moderación te hace vivir más. Sin embargo, si analizamos con profundidad cada población, podríamos encontrar que la población que bebe con moderación sigue una serie de pautas saludables como ejercicio físico frecuente o tiene un estatus socioeconómico mayor.

Por tanto, no es el alcohol el que haría que el grupo de bebedores moderados vivan más, sino que son otros factores sanitarios asociados a este hábito los que estarían aumentando su esperanza de vida. Lo anterior no es sólo un ejemplo ficticio. De hecho, diversos estudios han mostrado que es más probable encontrar consumidores moderados de alcohol entre aquellos que son activos físicamente o tienen un nivel socioeconómico más elevado. Es sólo un ejemplo, de los muchos sesgos que pueden desvirtuar los resultados. También sabemos que cuando las personas padecen ciertas enfermedades, una de las primeras medidas que toman los médicos es desaconsejar cualquier ingesta de alcohol. Así, en el grupo de los abstemios encontramos a personas enfermas por esta razón, lo que también puede sesgar los datos y que el grupo de bebedores moderados parezca más saludable en comparación.

  1. La realidad es compleja y los estudios sólo muestran una parte de la realidad y, a veces, se interpretan de forma errónea.En el caso del vino, muchos de nosotros escuchamos en su día la famosa paradoja francesa, establecida en 1819. Se buscaron muchas explicaciones en aquella época a por qué en Francia la incidencia de enfermedades cardiovasculares era mucho menor que en Estados Unidos, aun cuando su dieta era rica en grasas saturadas. Ya por aquel entonces se propuso el vino como factor protector para este fenómeno. Aunque, muchos más años más tarde y conforme teníamos más datos del asunto, nos hemos dado cuenta no sólo de que el vino no era el responsable de tal efecto beneficioso, sino que la citada paradoja ni siquiera existía.

Por si fuera poco, también se han extrapolado resultados beneficiosos del vino o la cerveza sobre células (in vitro) en el laboratorio como si fueran directamente trasladables a humanos. En la búsqueda de mecanismos que explicaran el supuesto papel protector de estas bebidas se han propuesto, entre otras moléculas, los flavonoides y los polifenoles. Aunque las concentraciones de ciertos compuestos en estas bebidas sean casi homeopáticas e insuficientes para producir efectos saludables apreciables. Es el caso, por ejemplo, del famoso  resveratrol del vino. Según los experimentos realizados en laboratorio, para poder “disfrutar” de los beneficios de tal molécula deberíamos consumir cientos de litros diarios de vino para alcanzar dosis significativas. De hecho, no se han demostrado los beneficios de esta molécula en humanos.

Además, los efectos de las bebidas alcohólicas sobre el cuerpo humano son muy diversos y complejos. Es imposible que un solo estudio pueda estudiar y registrar todos los efectos para la salud, positivos y negativos, que ocurren con su consumo. Por tanto, estos estudios son fragmentos de la realidad. Así, por ejemplo, puede que un estudio concreto sea fiable cuando diga que el consumo moderado de vino es beneficioso para un detalle en particular, pero no tiene en cuenta ni registra todos los efectos dañinos que también ocurren y quedan fuera del foco de estudio (por ejemplo: el cáncer, la adicción o las enfermedades cardiovasculares).

  1. Al igual que ocurrió con la industria del tabaco, la industria ha influenciado y sigue influenciando con fuerza la información sobre las bebidas alcohólicas y su papel en la salud.Dado que es ilegal en Europa atribuir propiedades saludables a estas bebidas mediante publicidad o etiquetado, lo que hacen es financiar estudios “científicos” que puedan aparecer en las noticias. Y digo “científicos” porque existen claros conflictos de intereses y no verán noticias negativas a partir de estos estudios.

En España, hay dos instituciones encargadas de velar por la buena prensa de estas bebidas: El  Centro de Información Cerveza y salud y la Fundación para la investigación del vino y la nutrición. Detrás de ellas se encuentra la industria de las citadas bebidas y no verán noticias negativas en sus respectivas páginas web, ni siquiera sobre su papel en el incremento del riesgo de cáncer. Por si fuera poco, además de distorsionar la información que nos llega sobre las bebidas alcohólicas a través de estudios “científicos” también financian a médicos para difundir mensajes benevolentes sobre estas bebidas.

A nivel internacional, también sabemos que la industria del alcohol está confundiendo al público sobre el riesgo de cáncer. Para ello, difunden informaciones sobre los supuestos efectos beneficiosos mientras minimizan o quitan relevancia a los negativos.

Así pues, ante tal panorama desinformativo debido a las razones anteriores, lo sorprendente sería que recibiéramos sólo información seria, desinteresada y contrastada sobre bebidas alcohólicas. ¿Llegará un momento en el que habrá un consenso en la sociedad sobre los riesgos del alcohol como ocurrió con el tabaco? Dado el número cada vez mayor de estudios independientes sobre los diversos riesgos del alcohol y la mayor información de la que vamos disponiendo, probablemente sea sólo cuestión de tiempo que la sociedad aprenda que no hay ninguna razón sanitaria alguna para beber esa copita de vino/alcohol al día.

fuente: lasdrogas.info

1 de diciembre: Día mundial contra el sida

First Phase Digital

«El mundo está en muy buenas condiciones de alcanzar la meta de poner fin a la epidemia del SIDA para 2030. […] En este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, hago un llamamiento para que renovemos el compromiso de poner fin a la labor iniciada y dejemos la epidemia del SIDA en el pasado.» — Secretario General de la OMS, António Guterres

 

Mi salud, mi derecho

 

Como se establece en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, todas las personas, sean quienes sean y vivan donde vivan, tienen derecho a la salud. Este derecho se apoya en un conjunto más amplio de derechos con los que se relaciona directamente, como el de la vivienda y los saneamientos adecuados, el de unas condiciones de trabajo saludables y los de acceso a alimentos nutritivos y a la justicia.

Solo se podrá poner fin al sida como amenaza para la salud pública si estos derechos se tratan como una prioridad de la salud mundial, de modo que la atención sanitaria de calidad esté disponible y sea accesible para todos, sin excluir a nadie.

 

Campaña #myrighttohealth

 

La campaña del Día Mundial del Sida de este año se centrará en el derecho a la salud.

La campaña #myrighttohealth proporcionará información sobre el derecho a la salud y su importancia en la vida de las personas. También tendrá como objetivo aumentar la visibilidad entorno a la necesidad de lograr una realización plena del derecho a la salud para todos y en todos los lugares.

Prácticamente todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible están relacionados de una manera u otra con la salud, así que alcanzarlos y poner fin a la epidemia de sida, dependerá en buena medida de conseguir garantizar el derecho a la salud.

Se están logrando progresos notables en el tratamiento del VIH. En vísperas del Día Mundial del Sida, ONUSIDA ha presentado un nuevo informe que muestra que el acceso al tratamiento ha aumentado significativamente. En 2000, solo 685 000 personas que vivían con el VIH tenían acceso al tratamiento antirretrovírico. En junio de 2017, alrededor de 20,9 millones de personas tenían acceso a esos medicamentos vitales. Ese aumento tan espectacular no habría sido posible sin el coraje y la determinación de las personas que viven con el VIH que exigen y reivindican sus derechos, respaldados por un liderazgo y un compromiso financiero firme y constante.

 

Estadísticas mundiales

 

  • Alrededor de 19,5 millones de personas tenían acceso a la terapia antirretrovírica en 2016.
  • Unos 36,7 millones de personas vivían con el VIH en 2016 en todo el mundo.
  • Aproximadamente, 1,8 millones de personas contrajeron la infección por el VIH en 2016.
  • Cerca de un 1 millón de personas fallecieron a causa de enfermedades relacionadas con el sida en 2016.
  • Unos 76,1 millones de personas contrajeron la infección por el VIH desde el comienzo de la epidemia.
  • Alrededor de 35 millones de personas fallecieron a causa de enfermedades relacionadas con el sida desde el comienzo de la epidemia.

 

fuente: Organización mundial de la salud.

XI Congreso Iberoamericano de Psicología

En el marco del Congreso Iberoamericano de Psicólogos, que se desarrollo en el Quorum Córdoba Hotel del 11 al 13 de octubre, se realizó una mesa de trabajo en materia de Actualidad en Salud y Derechos, donde participó Gabriela Richard, Mgter en prevención y tratamiento de conductas adictivas y directora de Fundación ProSalud. La exposición fue titulada «Enfoques de procesos salutogénicos y adictogénicos para pensar el rol profesional»

VER PONENCIA COMPLETA

 

Cultura que promueve el consumo de alcohol … ¿Y la cultura saludable?

Por Mgtr. Gabriela María Richard Losano (Magister en Prevención y Tratamiento de Conductas Adictivas y Directora de Fundación ProSalud).

Estar pasado de copas no es gracioso. Estar pasado de copas significa  estar  borracho, no tener funcionando ni el cerebro ni otros órganos del cuerpo como corresponde. Es una situación lamentable, vergonzante, deteriorante. Pero parece que para algunos esto no solo es divertido, sino que representa también una excelente oportunidad para hacer negocios. Los avances científicos ya han demostrado que el consumo de alcohol no aporta ningún beneficio a la salud, y con ello, pasa a reencuadrarse el análisis respecto de lo que sería un  “consumo excesivo, saludable, etc”.

Al respecto, Esther Samper Medica y Máster en Biotecnología, sostiene que  al igual que ocurrió con la industria del tabaco, la industria ha influenciado y sigue influenciando con fuerza la información sobre las bebidas alcohólicas y su papel en la salud. Ella explica que dado que es ilegal en Europa atribuir propiedades saludables a estas bebidas mediante publicidad o etiquetado, lo que hacen es financiar estudios «científicos» que puedan aparecer en las noticias. Dice «científicos» porque existen claros conflictos de intereses y no se verán noticias negativas a partir de estos estudios. En España, hay dos instituciones encargadas de velar por la buena prensa de estas bebidas: El  Centro de Información Cerveza y salud  y la Fundación para la investigación del vino y la nutrición . Detrás de ellas se encuentra la industria de las citadas bebidas y no verán noticias negativas en sus respectivas páginas web, ni siquiera sobre su papel en el incremento del riesgo de cáncer.

Por si fuera poco, además de distorsionar la información que nos llega sobre las bebidas alcohólicas a través de estudios “científicos” también financian a médicos para difundir mensajes benevolentes sobre estas bebidas . (ver https://www.eldiario.es/zonacritica/seguimos-recibiendo-noticias-beneficios-alcoholicas_6_823527649.html)

Esta misma estrategia de marketing es usada actualmente por la industria de la marihuana. Con ella, la confusión que se genera es mayor, dado que a diferencia del alcohol y del tabaco, alguno de los componentes químicos de esta planta, si tienen características que  los hacen aptos para desarrollar investigaciones con fines terapéuticos, e incluso se están usando sin respetar las normas que se exigen a todas las farmacéuticas para la  elaboración de medicamentos, generando serias dificultades para interpretar lo que es un riesgo o un beneficio. En consecuencia, dada la falta de información que permita esclarecer esta diferencia entre los usos terapéuticos y otros que no tienen nada de reparador y salugénico, cada vez más gente la usa con otros fines creyendo que no es adictiva o hace bien. Incluso que es menos dañina que el tabaco!. Así estamos.

Las estadísticas de la SEDRONAR indican que el alcohol es la sustancia más consumida por los jóvenes, y la marihuana, la que le sigue en preferencia. Esta última ha aumentado exponencialmente su consumo en los últimos años, por los motivos expuestos y por el aumento de la oferta debido a la activación de su industria. La percepción de riesgo que los jóvenes tienen en relación al consumo de ambas sustancias,  desciende progresivamente, al igual que la edad de inicio de consumo, y con ello, aumenten  las probabilidades de que experimenten primero y luego se establezca el habito de consumo. Así se van construyendo los cimientos para que avance un proceso adictivo, con  trastornos diversos por los efectos inmediatos, y dependencia creciente incluidos, en el mediano y largo plazo.

Los medios de comunicación colaboran a esta situación de declive, y complican la tarea preventiva en diversos campos, así como el abordaje terapéutico de los individuos que ya advierten que tienen un problema.

La única alternativa para afrontar este proceso de complejidad creciente, es desarrollar una actitud crítica respecto de estos procesos que vinculan  goce y negocios. Un enfoque práctico permite entender la tendencia a generar puestos de trabajo, cadenas de producción redia fin de interpelar cada situación en la que la misma cultura contribuye a normalizar lo que es adictogénico (que tiene la capacidad de generar adicción), y / o,   genera obstáculos para el ejercicio del derecho a la salud y el derecho a la identidad (no podrá ejercerlo plenamente un individuo cuyo cerebro esté bajo los efectos de una droga).

Pasado de copas es el nombre dado a un programa de televisión, que se emite por un importante canal de aire los domingos a la noche.  Se promueve como un programa de humor, conducido por un referente del que supo crear mejor humor argentino, el grupo Les Luthiers…aunque parece que ahora se encuentra en una etapa de decadencia y desesperación económica, que lo lleva a    aceptar cualquier tipo de propuesta, aun a costa de perder su buena reputación.  Resulta decadente que una figura de este tipo, se preste al negocio que lucra con el hecho de comprobar cómo una persona conocida popularmente se va emborrachando y acepta exponerse públicamente  mostrando sus comportamientos progresivamente trastornados por la presencia de alcohol actuando sobre su sistema nervioso.

Tan consciente es la producción del programa sobre los riesgos, que cuenta con el acompañamiento de equipos médicos de emergencia, para evitar riesgos graves. Alarma la idea de que una empresa esté dispuesta a saltar toda barrera de sentido común destinada a trabajar por el bien común. Más alarmante es que las autoridades sanitarias, educativas, y  de promoción social, aun cuando no pudieran evitar este tipo de producciones, no se ocupen de instalar el debate sobre los prejuicios y  perjuicios que generan sobre la opinión pública  estos pésimos modelos de identificación que pugnan por confundir y posicionarse como positivos, deseables y exitosos. Así estamos.

Pese a todo, a nosotros sí nos importa la salud de la gente. Estamos convencidos del valor de trabajar para  promoverla y  hacer prevención integral.  Y aún más: vemos que sí da resultados (dentro de  nuestra escala de cobertura de nuestros proyectos) nos gusta mucho hacerlo.

El 15 de noviembre, será el día mundial contra el consumo de alcohol. Muchas preguntas planteadas. Muchas respuestas por dar.

 

Experiencias y experimentos

Por Sergio Sinay, ensayista narrador y periodista

De pronto, la palabra experiencia es omnipresente. Se nos bombardea sin cesar con una invitación urgente: «¡Viví la experiencia!». Esto se aplica tanto a un evento sobre moda, como a un espectáculo, a una propuesta turística, a un acontecimiento deportivo, al lanzamiento de un modelo de auto, a una feria gastronómica, y a innumerables situaciones. Es curiosa la insistencia en esa palabra, porque, a pesar del extenso menú de posibilidades al que se la aplica, acaso estemos atravesando un tiempo en el cual las experiencias son cada vez menos y los experimentos cada vez más.

A partir de Fritz Perls (1893-1970), fundador de la psicoterapia gestáltica, los teóricos y ejercitantes de esta corriente establecieron la diferencia entre ambos conceptos. En síntesis, se puede decir que una experiencia es algo que se vive en el aquí y ahora, con todos los sentidos involucrados en el acontecer. Es presente puro, no planificado, no prediseñado, muchas veces resulta inesperada, es aleatoria, pero está ocurriendo. Sus efectos no están previstos. Uno de ellos, esencial, es lo que se conoce gestálticamente como «darse cuenta». La persona accede, debido a lo vivido, a aspectos de sí que le resultaban desconocidos, que estaban ocultos o negados. Algo cambia.

El experimento, en cambio, se planea, tiene un fin, procura confirmar o transformar algo, ya sea en un individuo, un grupo de ellos o en una determinada situación. Esta dirigido, orientado a un resultado. Una experiencia puede derivar en una teoría (incluso una teoría de alguien sobre sí mismo), mientras el experimento parte de una hipótesis y va en busca de su revalidación. Se es previamente consciente de un experimento, en tanto solo se cobra conciencia de lo vivido tras haber transitado una experiencia. Las experiencias que insistentemente se nos incita a vivir están programadas para producir determinados efectos. Acicatear el deseo consumista, experimentar sensaciones y emociones prefijadas, convertirnos en seguidores o legionarios de alguna marca, en adictos a alguna actividad, en fanáticos de algún ídolo de ocasión. En suma, no son experiencias, son experimentos. En las experiencias somos sujetos, en los experimentos somos objetos.

Joseph Zinker, discípulo de Perls y uno de sus principales continuadores, autor de una obra central en este pensamiento como es  El proceso creativo en la terapia gestáltica, denominó Ciclo de la experiencia a lo que considera como proceso básico de la vida humana. La existencia, según Zinker, es una sucesión de ciclos experienciales (gestalts) que se abren y cierran. Parten de una situación de reposo, continúan con la presencia de una sensación difusa, a la que sigue el darse cuenta de cuál es la necesidad a la que esa sensación remite. Tal necesidad (física o emocional) activa una energía que lleva a la acción. Y el ciclo se cierra cuando se hace contacto con aquello que atiende a la necesidad y la soluciona. Esto devuelve a la persona al reposo. Una Gestalt (forma o necesidad) no cerrada, es decir no atendida o mal atendida, impide la apertura de otras. Interrumpe el ciclo de la experiencia, que es un ciclo por el cual el organismo se autorregula tanto física como psíquica y emocionalmente.

La excesiva sucesión de experimentos virtuales que propone el uso disfuncional de la tecnología, más los acicates consumistas que convocan a experiencias que no lo son, nos van recluyendo en un como si que desplaza de a poco a la vida real y a su ciclo de experiencias. No es casual que el lenguaje esté actualmente plagado de frases del tipo es como que. Esas frases denuncian la pobreza de experiencias, de vivencias reales, y su remplazo por sucedáneos, por placebos. Más experiencias y menos experimentos, significa más vida y menos simulacros.

Mercadeo inspirado en salud, el nuevo gran problema para las autoridades

 

En momentos en que los ciudadanos están cada vez más preocupados por su salud, cabe pedir a los departamentos de marketing de empresas de alimentos y de bebidas que moderen sus ansias de vincular a sus productos con discursos que apuntan a mejorar la calidad de vida de la población.

 Semillas estratégicamente colocadas en la superficie del pan de una hamburguesa. El uso del color verde para presentar una bebida con fórmula adaptada de menos azúcares. La adopción de términos de la industria láctea para describir productos vegetales o de la actividad farmacéutica para promocionar alimentos.

El marketing es un excelente recurso para defender las bondades de mercaderías o servicios, y para conocer su público específico. Hoy es determinante para la supervivencia de una empresa en un mercado hipercompetitivo.

Pero se falta el respeto a sí mismo cuando utiliza estrategias engañosas para contrarrestar la debilidad del bien cuyo consumo pretende promover.

En Argentina lo hemos visto: desde promociones de lácteos que se venden en envases pequeños y se presentan como el complemento diario clave para evitar resfríos hasta el tráfico de informes pseudocientíficos sobre las bondades hidratantes superlativas de las bebidas alcohólicas en verano.

En septiembre, el tema mereció una investigación específica y una declaración pública de la autoridad regulatoria de alimentos y medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), que arremetió contra las presentaciones de productos vegetales que apelan a nombres propios de lácteos.

Optar por una dieta que restrinja grupos de alimentos, con el complemento necesario del consejo y el control médico, y las recomendaciones de nutricionistas, es una acción individual respetable. Lo es menos que una bebida surgida del procesamiento de vegetales se venda como leche y haga creer que es su sustituto.

Eso advirtió la declaración del comisionado de la FDA, Scott Gottlieb, a fines del mes pasado.

“Los consumidores deberían poder saber en forma rápida el tipo de producto que están comprando para ellos y sus familias”, comienza el documento. Y agrega: “Implementar etiquetas alimenticias y declaraciones claras y transparentes son temas a los que he dado una alta prioridad”.

El texto añade que la amplia oferta de alimentos “basados en plantas” que se posicionan en el mercado como “sustitutos de los productos lácteos estandarizados” fue materia de análisis de lo que se conoce como “la Estrategia de Innovación de la Nutrición”.

La preocupación del organismo es que la población pueda creer que esos productos tienen similares atributos nutricionales que los que parecen reemplazar. Y se cuida de no atribuir mala intención o estrategia por parte de las firmas al recomendar: “Es importante que comprendamos mejor las expectativas de los consumidores respecto de estos productos vegetales en comparación con los productos lácteos”. Esto es: no acusa a las empresas de generar confusión; les pide –en cambio– que anticipen una posible confusión.

En momentos en que los ciudadanos están cada vez más preocupados por su salud, cabe pedir a los departamentos de marketing de empresas de alimentos y de bebidas que moderen sus ansias de vincular a sus productos con discursos que apuntan a mejorar la calidad de vida de la población con el fin de alentar o mantener sus ventas.

16 de noviembre: Día Mundial de la Tolerancia

 

«La tolerancia es un acto de humanidad, que debemos alimentar y practicar cada día en nuestra propia vida, a fin de celebrar la diversidad que nos hace fuertes y los valores que nos unen». — Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay.

 

La tolerancia, ni indulgencia ni indiferencia: respeto

Las Naciones Unidas se han comprometido a fortalecer la tolerancia mediante el fomento de la comprensión mutua entre las culturas y los pueblos. Este imperativo está en la base de la Carta de las Naciones Unidas y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y es más importante que nunca en una era en que el extremismo y el radicalismo violentos van en aumento y en que se amplían los conflictos caracterizados por un menosprecio fundamental de la vida humana.

En 1995, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) adoptaron una Declaración de Principios sobre la Tolerancia. La Declaración afirma, entre otras cosas, que la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos. La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros. La gente es naturalmente diversa; sólo la tolerancia puede asegurar la supervivencia de comunidades mixtas en cada región del mundo.

La Declaración describe la tolerancia no sólo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados. Sitúa a la tolerancia en el marco del derecho internacional sobre derechos humanos, elaborados en los últimos cincuenta años y pide a los estados que legislen para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de la sociedad.

La injusticia, la violencia, la discriminación y la marginalización son formas comunes de intolerancia. La educación es un elemento clave para luchar contra estas formas de exclusión y ayudar a los jóvenes a desarrollar una actitud independiente y un comportamiento ético. La diversidad de religiones, culturas, lenguas y etnias no debe ser motivo de conflicto sino una riqueza valorada por todos.

Las Naciones Unidas han lanzado la campaña JUNTOS para promover la tolerancia, el respeto, la seguridad y la dignidad en todo el mundo. Tiene por objetivo reducir las percepciones y las actitudes negativas hacia los refugiados y los migrantes, además de fortalecer el contrato social entre los países y comunidades de acogida, y los refugiados y migrantes.

¿Cómo luchar contra la intolerancia?

  1. Luchar contra la intolerancia exige un marco legal
    Los Gobiernos deben aplicar las leyes sobre derechos humanos, prohibir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías, independientemente de que se cometan por organizaciones privadas, públicas o individuos. El Estado también debe garantizar un acceso igualitario los tribunales de justicia, a los responsables de derechos humanos y a los defensores del pueblo, para evitar que las posibles disputas se resuelvan por la violencia.
  2. Luchar contra la intolerancia exige educación
    Las leyes son necesarias pero no suficientes para luchar contra la intolerancia y los prejuicios individuales. La intolerancia nace a menudo de la ignorancia y del miedo: miedo a lo desconocido, al otro, a culturas, naciones o religiones distintas. La intolerancia también surge de un sentido exagerado del valor de lo propio y de un orgullo personal, religioso o nacional, exacerbado. Estas nociones se aprenden a una edad muy temprana. Por eso es necesario poner énfasis en la educación y enseñar la tolerancia y los derechos humanos a los niños para animarles a tener una actitud abierta y generosa hacia el otro. La educación es una experiencia vital que no empieza ni termina en la escuela. Los esfuerzos para promover la tolerancia a través de la educación no tendrán éxito si se aplican a todos los grupos en todos los entornos: en casa, en la escuela, en el lugar de trabajo, en el entrenamiento de las fuerzas del orden, en el ámbito cultural y en los medios sociales.
  3. Luchar contra la intolerancia requiere acceder a la información
    La intolerancia es especialmente peligrosa cuando individuos o grupos de individuos la usan con fines políticos o territoriales. Identifican un objetivo y desarrollan argumentos falaces, manipulan los hechos y las estadísticas y mienten a la opinión pública con desinformación y prejuicios. La mejor manera de combatir estas políticas es promover leyes que protejan el derecho a la información y la libertad de prensa.
  4. Luchar contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual
    La intolerancia en la sociedad es la suma de las intolerancias individuales de todos sus miembros. La intolerancia religiosa, los estereotipos, los insultos y las bromas raciales son ejemplos de intolerancia que se viven en lo cotidiano. La intolerancia lleva a la intolerancia y para luchar de forma efectiva es necesario que cada uno examine su papel en el círculo vicioso que lleva a la desconfianza y a la violencia en la sociedad. Todos debemos preguntarnos: ¿soy una persona tolerante? ¿Juzgo a los otros con estereotipos? ¿Rechazo a los que me parecen diferentes?
  5. Luchar contra la intolerancia exige soluciones locales
    Los problemas que nos afectan son cada vez más globales pero las soluciones pueden ser locales, casi individuales. Ante una escalada de intolerancia, los gobiernos o las instituciones no pueden actuar solos. Todos formamos parte de la solución y tenemos una enorme fuerza a la hora de enfrentarnos a la intolerancia. La no-violencia puede ser una herramienta muy efectiva para confrontar un problema, crear un movimiento, demostrar solidaridad con las víctimas de la intolerancia o desacreditar la propaganda fomentada por el odio.

15 de noviembre: Día Mundial del Alcoholismo

  

El consumo de bebidas alcohólicas en las reuniones sociales es frecuente en muchos lugares del mundo, pero puede tener consecuencias sanitarias y sociales negativas relacionadas con sus propiedades tóxicas y la dependencia que puede producir.

Además de las enfermedades crónicas que pueden contraer quienes beben grandes cantidades de alcohol a lo largo de varios años, el consumo de alcohol también se asocia a un aumento del riesgo de padecer afecciones agudas, tales como las lesiones, y en particular las provocadas por accidentes de tránsito.

 

Datos y cifras importantes según la OMS (Organización mundial de la salud) 

  • Cada año se producen 3,3 millones de muertes en el mundo debido al consumo nocivo de alcohol2, lo que representa un 5,9% de todas las defunciones.
  • El uso nocivo de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos.
  • En general, el 5,1% de la carga mundial de morbilidad y lesiones es atribuible al consumo de alcohol, calculado en términos de la esperanza de vida ajustada en función de la discapacidad (EVAD).3
  • El consumo de alcohol provoca defunción y discapacidad a una edad relativamente temprana. En el grupo etario de 20 a 39 años, un 25% de las defunciones son atribuibles al consumo de alcohol.
  • Existe una relación causal entre el consumo nocivo de alcohol y una serie de trastornos mentales y comportamentales, además de las enfermedades no transmisibles y los traumatismos.
  • Recientemente se han determinado relaciones causales entre el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades infecciosas tales como la tuberculosis y el VIH/sida.
  • Más allá de las consecuencias sanitarias, el consumo nocivo de alcohol provoca pérdidas sociales y económicas importantes, tanto para las personas como para la sociedad en su conjunto.

El alcohol, sustancia psicoactiva con propiedades causantes de dependencia, se ha utilizado ampliamente en muchas culturas durante siglos. El consumo nocivo de alcohol conlleva una pesada carga social y económica para las sociedades.

El alcohol afecta a las personas y las sociedades de diferentes maneras, y sus efectos están determinados por el volumen de alcohol consumido, los hábitos de consumo y, en raras ocasiones, la calidad del alcohol. En 2012, unos 3,3 millones de defunciones, o sea el 5,9% del total mundial, fueron atribuibles al consumo de alcohol.

El consumo nocivo de alcohol también puede perjudicar a otras personas, por ejemplo, familiares, amigos, compañeros de trabajo y desconocidos. Asimismo, el consumo nocivo de alcohol genera una carga sanitaria, social y económica considerable para el conjunto de la sociedad.

El consumo de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos. Está asociado con el riesgo de desarrollar problemas de salud tales como trastornos mentales y comportamentales, incluido el alcoholismo, importantes enfermedades no transmisibles tales como la cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, así como traumatismos derivados de la violencia y los accidentes de tránsito.

Una proporción importante de la carga de morbilidad y mortalidad atribuibles al uso nocivo del alcohol corresponde a los traumatismos, sean o no intencionados, en particular los resultantes de accidentes de tránsito, actos de violencia y suicidios. Además, los traumatismos mortales atribuibles al consumo de alcohol tienden a afectar a personas relativamente jóvenes.

Recientemente se han establecido relaciones causales entre el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades infecciosas tales como la tuberculosis y el VIH/sida. El consumo de alcohol por parte de una embarazada puede provocar síndrome alcohólico fetal y complicaciones prenatales.

Factores que influyen en el consumo de alcohol y los daños relacionados.

Tanto en el plano individual como en el social, se han identificado diversos factores que influyen en los niveles y hábitos de consumo de alcohol, así como en la magnitud de los problemas relacionados con el alcohol en las comunidades.

Los factores ambientales incluyen el desarrollo económico, la cultura y la disponibilidad de alcohol, así como la globalidad y los niveles de aplicación y cumplimiento de las políticas pertinentes. Para un nivel o hábito de consumo dado las vulnerabilidades de una sociedad podrían tener efectos diferenciales similares a los producidos en diferentes sociedades.

Si bien no existe un único factor de riesgo dominante, cuanto más factores vulnerables converjan en una persona, más probable será que esa persona desarrolle problemas relacionados con el alcohol como consecuencia del consumo de alcohol.

Los efectos del consumo de alcohol sobre los resultados sanitarios crónicos y graves de las poblaciones están determinados, en gran medida, por dos dimensiones del consumo de alcohol separadas, aunque relacionadas, a saber:

  • el volumen total de alcohol consumido, y
  • las características de la forma de beber.

El contexto de consumo desempeña un papel importante en la aparición de daños relacionados con el alcohol, en particular los asociados con los efectos sanitarios de la intoxicación alcohólica y también, en muy raras ocasiones, la calidad del alcohol consumido.

El consumo de alcohol puede tener repercusiones no sólo sobre la incidencia de enfermedades, traumatismos y otros trastornos de salud, sino también en la evolución de los trastornos que padecen las personas y en sus resultados.

En lo que respecta a la mortalidad y la morbilidad, así como a los niveles y hábitos de consumo de alcohol, existen diferencias entre los sexos. El porcentaje de defunciones atribuibles al consumo de alcohol entre los hombres asciende al 7,6% de todas las defunciones, comparado con el 4% entre las mujeres.

En 2010, el consumo total de alcohol per cápita en todo el mundo registró un promedio de 21,2 litros de alcohol puro entre los hombres, y 8,9 litros entre las mujeres.

Formas de reducir la carga del consumo nocivo de alcohol

Los problemas sanitarios, de seguridad y socioeconómicos achacables al consumo de alcohol se pueden reducir eficazmente mediante medidas aplicadas al grado, las características y las circunstancias en que se produce la ingestión, así como a los determinantes sociales de la salud.

Compete a los países la responsabilidad principal de formular, aplicar, vigilar y evaluar políticas públicas para disminuir el consumo nocivo de alcohol. Los formuladores de políticas tienen a su disposición un acervo considerable de conocimientos científicos en torno a la eficacia y la coestoeficacia de las siguientes estrategias:

  • regular la comercialización de las bebidas alcohólicas (en particular, la venta a los menores de edad);
  • regular y restringir la disponibilidad de bebidas alcohólicas;
  • promulgar normas apropiadas sobre la conducción de vehículos en estado de ebriedad;
  • reducir la demanda mediante mecanismos tributarios y de fijación de precios;
  • aumentar la sensibilización y el apoyo con respecto a las políticas;
  • proporcionar tratamiento accesible y asequible a las personas que padecen trastornos por abuso del alcohol;
  • poner en práctica programas de tamizaje e intervenciones breves para disminuir el consumo peligroso y nocivo de bebidas alcohólicas.

Respuesta de la OMS

La OMS persigue la finalidad de reducir la carga de morbilidad causada por el consumo nocivo de alcohol y, en consecuencia, salvar vidas, prevenir traumatismos y enfermedades y mejorar el bienestar de las personas, las comunidades y la sociedad en su conjunto.

La OMS pone el acento en la elaboración, comprobación y evaluación de intervenciones rentables contra el consumo nocivo de alcohol, así como en la generación, recopilación y divulgación de información científica acerca del consumo y la dependencia del alcohol con las consecuencias sanitarias y sociales del caso.

En 2010, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó una resolución en la que hace suya la estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol y por la que insta a los países a que fortalezcan las respuestas nacionales a los problemas de salud pública causados por dicho uso.

La estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol representa un compromiso colectivo de los Estados Miembros de la OMS para aplicar constantemente medidas enderezadas a reducir la carga mundial de morbilidad causada por el consumo nocivo. La estrategia incluye políticas e intervenciones de base científica que pueden proteger la salud y salvar vidas si se aplican correctamente.

También incluye una serie de principios por los que debe guiarse la elaboración y ejecución de las políticas; además, establece las esferas prioritarias para la actuación mundial, recomienda objetivos concretos del programa de acción nacional y otorga un sólido mandato a la OMS para que fortalezca las actuaciones a todos los niveles.

Las opciones de política y las intervenciones que pueden aplicarse a escala nacional se pueden agrupar en 10 esferas, que se complementan y apoyan recíprocamente, a saber:

  • liderazgo, concienciación y compromiso;
  • respuesta de los servicios de salud;
  • acción comunitaria;
  • políticas y medidas contra la conducción de vehículos bajo los efectos del alcohol;
  • disponibilidad de alcohol;
  • comercialización y promoción de las bebidas alcohólicas;
  • políticas de fijación de precios;
  • mitigación de las consecuencias negativas del consumo de alcohol y la embriaguez;
  • reducción del impacto en la salud pública del alcohol ilícito y el alcohol de producción informal;
  • seguimiento y vigilancia.

La OMS ha establecido el Sistema Mundial de Información sobre el Alcohol y la Salud con el fin de presentar de manera dinámica datos sobre la intensidad y las características diversas del consumo de bebidas alcohólicas, las consecuencias sanitarias y sociales de dicho consumo y las políticas correspondientes a todos los niveles.

La aplicación satisfactoria de la estrategia exigirá la actuación concertada de los países, una gobernanza mundial eficaz y la participación apropiada de los interesados directos. El trabajo conjunto de todas estas partes permitirá reducir las consecuencias negativas del consumo de alcohol sobre la salud humana y la sociedad.

La estrategia mundial se refiere sólo a los efectos del consumo de alcohol sobre la salud pública, sin perjuicio alguno para las creencias religiosas y las normas culturales. El concepto de “uso nocivo del alcohol” en ese contexto es diferente del de “uso nocivo del alcohol” como categoría de diagnóstico en la Clasificación de trastornos mentales y del comportamiento de la CIE-10 (OMS, 1992).

El año de vida ajustado por discapacidad (AVAD) amplía el concepto de años potenciales de vida perdidos por muerte prematura e incluye los años equivalentes de vida «sana» que se pierden a causa del estado de mala salud o discapacidad.

16 de octubre: Día Mundial de la Alimentación

 

Cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, una fecha creada en 1979 por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) con el objetivo de celebrar la fundación de la institución, el 16 de octubre de 1945.

La FAO fue creada por la ONU en Quebec, Canadá, con representantes de 42 países al considerar que “la alimentación era un requisito para la supervivencia y el bienestar de la humanidad y una necesidad humana fundamental”.

“Nuestras acciones son nuestro futuro. Un mundo Hambre Cero para 2030 es posible”, es el lema para 2018 que se difunde en redes sociales con el #HambreCero.

Lo que se puede hacer para ayudar a lograr el #HambreCero

 Desperdiciar menos, alimentarse mejor y adoptar un estilo de vida sostenible son elementos clave para construir un mundo libre de hambre. Las decisiones que tomamos hoy son vitales para el futuro seguro de los alimentos. Le presentamos una lista de acciones sencillas para que lo ayuden a llevar el estilo de vida #HambreCero, para ayudarlo a reconectarse con la alimentación y con lo que representa.

  • No tires comida

Si tiene sobras, congélelas para más tarde o úselas como ingrediente para otra comida. Cuando almuerce en un restaurante, solicite media porción si no tiene mucha hambre o traiga las sobras a casa.

  • Producir mas con menos

 Con una población en crecimiento que se espera que alcance 9.000 millones en el año 2050, los agricultores deberían encontrar formas nuevas de cultivar alimentos y que sean más productivas, y diversificar sus cultivos. Usar un enfoque de agricultura integrada no solo ayudará a los agricultores a aumentar el rendimiento de sus cultivos y, por lo tanto sus ganancias, sino que también puede mejorar la calidad de sus tierras agrícolas.

  • Adoptar una dieta mas sostenible

Vivimos una vida acelerada y tratar de hacer hueco para la preparación de comidas saludables y nutritivas puede ser un desafío si no sabes cómo hacerlo. Las comidas saludables no tienen que ser elaboradas. En realidad, los alimentos saludables se pueden cocinar de manera rápida y sencilla usando solo unos pocos ingredientes. Comparta sus recetas rápidas y saludables con su familia, amigos, colegas y en línea. Siga a chefs y blogeros sostenibles en línea para aprender recetas nuevas o hable con su agricultor local para ver cómo cocinan sus productos en casa.

  • Defiende el #HambreCero

Todos tenemos un papel que desempeñar para lograr el #HambreCero, pero los países, las instituciones y las personas deben trabajar juntos para alcanzar este objetivo. Establecer asociaciones HambreCero, compartir conocimientos y recursos, desarrollar estrategias innovadoras y descubrir oportunidades nuevas para contribuir a la lucha contra el hambre. Realice propuestas sobre este tema con las autoridades locales y nacionales, promueva en su comunidad programas educativos relacionados y amplifique el mensaje #HambreCero a través de su red.